EMERGENTES 2

Junio – Agosto 2026

La exposición Emergentes 2, presentada en los espacios de Reset Gallery, se articula como un campo de tensiones donde las prácticas contemporáneas revelan una insistente preocupación por el fragmento, el cuerpo y las configuraciones del espacio social en el contexto global, profundamente mediado por lógicas de consumo visual. Lejos de plantear una visión homogénea, la muestra propone una constelación de aproximaciones que evidencian cómo las nuevas generaciones de artistas reformulan los lenguajes visuales a partir de la dislocación, la inestabilidad y la relectura crítica de los sistemas de representación.

Emergentes 2 se plantea como un territorio donde la fragmentación no es ruptura, sino método: una forma de entender el presente desde sus fisuras, sus desplazamientos y sus múltiples capas de sentido, atravesadas por las dinámicas del consumo y la circulación de imágenes propias de la cultura mass media.

En esta segunda edición, diez artistas componen un panorama heterogéneo que da cuenta de las múltiples direcciones que asume la práctica contemporánea, articulando un diálogo donde lo individual se entrelaza con una sensibilidad generacional compartida.

En este entramado, Begoña Pellicer construye en “Deseo de escabullirse” una instalación de muñecos que alude a la evasión como pulsión psicológica y social, generando una narrativa inquietante sobre la fragilidad del sujeto contemporáneo. La repetición y disposición de estas figuras activa una sensación de acumulación y extrañamiento, donde lo lúdico se transforma en un escenario de tensión latente.

En paralelo, Clara Ulive aborda la figura del “hombre urbano invisible”, cuya presencia se define por su capacidad de ser interpretado, manipulado y diluido dentro de las dinámicas de la ciudad, estableciendo una reflexión sobre la identidad en contextos hipervisibles. Su propuesta sugiere además una lectura crítica sobre los mecanismos de control y anonimato que operan en el espacio urbano contemporáneo por medio del personaje que no existe.

La investigación del cuerpo se despliega desde múltiples perspectivas. Canaem Briceño fragmenta la anatomía para analizar la musculatura como territorio de estudio pictórico, descomponiendo la corporeidad en unidades visuales que cuestionan la integridad de la forma. Su aproximación insiste en la pintura como un espacio de disección visual, donde cada fragmento se convierte en evidencia de un cuerpo que ya no puede pensarse como totalidad estable, sino como un sistema en constante revisión. En este sentido, su trabajo dialoga con una tradición analítica del cuerpo, pero la desplaza hacia una sensibilidad contemporánea marcada por la tensión entre representación y descomposición. Daniel Parejo, por su parte, traslada esta lógica al ámbito microscópico, explorando la célula en suspensión acuosa como metáfora de la vida en constante transformación. Sus imágenes remiten a un estado previo a la forma, donde lo orgánico fluctúa en condiciones de inestabilidad, sugiriendo una lectura expandida de lo vital. Ambas propuestas evidencian un interés común por lo orgánico entendido como sistema inestable, atravesado por procesos de mutación, disolución y reconfiguración constante.

Desde otra dimensión, Andrey RTZ se apropia de herramientas globales para desarticular los cánones de belleza establecidos, insertando su obra en una crítica directa a los modelos estéticos hegemónicos. Su práctica se inscribe dentro de una figuración contemporánea que no busca representar fielmente, sino tensionar la imagen, deformarla y reconfigurarla a partir de los códigos visuales que circulan en la cultura digital y mediática. El uso de materiales como latas de Coca-Cola y tuberías plásticas, introduce de manera directa la lógica del consumo y la circulación industrial en la obra, convirtiendo estos elementos en signos visibles de una estética globalizada. En diálogo con esta postura, Dayson Piedrahita recurre a lo pictórico para explorar lo cotidiano deformado, revelando las fisuras de una sociedad atravesada por tensiones y distorsiones perceptivas. Su trabajo se sitúa igualmente en el campo de la figuración contemporánea, donde la imagen reconoce su origen en lo real, pero se presenta alterada, inestable, casi erosionada por la experiencia social que la atraviesa. En ambos casos, la figura deja de ser representación para convertirse en un campo de conflicto visual.

La noción de espacio se convierte en eje estructural en las obras de Gabriel Osorio, quien desde la geometría establece conexiones entre tiempo y control, proponiendo una lectura casi científica del orden visual. Su trabajo dialoga con referentes mondrianescos, donde la estructura, la línea y la relación entre planos adquieren un carácter esencial, pero es desplazado hacia una sensibilidad contemporánea en la que el equilibrio se tensiona y el orden se percibe como construcción inestable. En esta reinterpretación, la herencia moderna no se replica, sino que se reactiva como un sistema abierto que vincula lo formal con dinámicas temporales y espaciales más complejas. En contraste, Edgardo Daniel Cordero, en A Punk’s Melancholia, se sumerge en la cultura punk y el espacio íntimo del caos urbano, construyendo un imaginario donde el abatimiento emerge como una condición crítica frente a la disidencia y la saturación contemporánea.

El componente simbólico adquiere especial relevancia en las propuestas de Oriana Noriega, quien en “Florecer” y “Devocional I” investiga lo ritual desde el lenguaje urbano, resignificando la memoria colectiva a través de códigos contemporáneos y estableciendo un cruce entre lo espiritual y lo cotidiano como espacio de persistencia simbólica. En paralelo, Salomé Rojas construye metáforas sobre la distancia, el fracaso y la memoria, trazando un mapa emocional de la experiencia humana actual. Su trabajo se sitúa en un territorio donde la ausencia se convierte en materia y la imposibilidad en forma, articulando imágenes que sugieren más de lo que muestran. A través de una poética de la interrupción, sus obras activan una sensibilidad que oscila entre lo íntimo y lo universal, proponiendo una experiencia donde el espectador se confronta con aquello que no puede ser plenamente alcanzado ni representado.

En conjunto, Emergentes 2 no solo evidencia la diversidad de enfoques dentro del arte contemporáneo, sino que subraya una tendencia global hacia la fragmentación como método de análisis y hacia el espacio social como territorio de conflicto y significación.

 

Gabriel Guevara Jurado

Curador

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