Begoña Pellicer: cuerpo, materia y desplazamiento de lo sensible.

En un contexto donde las prácticas artísticas tienden a expandirse más allá de sus disciplinas tradicionales, el trabajo de Begoña Pellicer se sitúa en un territorio híbrido donde lo escénico, lo plástico y lo poético convergen como formas de pensamiento. Su obra no responde a una única materialidad, sino a una constante mutación entre cuerpo, objeto y lenguaje.

Nacida en Macuto (La Guaira) en 1993, su experiencia vital —marcada por el desplazamiento territorial tras la Tragedia de Vargas— atraviesa su sensibilidad artística. Este tránsito entre geografías y contextos se traduce en una práctica que entiende el arte como proceso más que como resultado: un campo donde la memoria, el cuerpo y la materia se reconfiguran constantemente.

Formada inicialmente en el ámbito teatral y egresada en actuación por la Universidad Nacional Experimental de las Artes en 2017, Pellicer incorpora el lenguaje performativo como estructura de base en su práctica. Esta dimensión escénica no desaparece en su obra plástica; por el contrario, se desplaza hacia ella, impregnando sus objetos de una latencia corporal. Su posterior formación en pintura (Unearte, 2024) amplía este campo de acción, consolidando un trabajo que opera entre disciplinas sin jerarquías.

Su producción se articula desde lo pictórico hacia el performance, la instalación y el ensamblaje, utilizando materiales encontrados —especialmente textiles— para construir esculturas blandas y dispositivos sensibles. Estas operaciones dialogan con una tradición en la que el material deja de ser soporte para convertirse en enunciado, activando lecturas que desestabilizan la función original de los objetos. En este sentido, la materia en Pellicer no es neutramente formal: es portadora de afecto, desgaste e historia. [ecured.cu]

La poesía aparece como un eje transversal, no como acompañamiento, sino como estructura interna del pensamiento visual. Es desde allí donde su trabajo se abre a dimensiones más amplias: la espiritualidad, la metafísica, la tensión entre lo material y lo inmaterial. A la vez, su obra se ancla en problemáticas concretas —la escasez, la muerte, el duelo— generando un campo de fricción entre lo íntimo y lo colectivo.

Su participación en exposiciones colectivas en distintas regiones de Venezuela, así como su inclusión en circuitos institucionales vinculados a Unearte y en plataformas como el Concurso de Arte Contemporáneo Creadoras —que reúne a artistas en torno a discursos contemporáneos y diversos—, evidencia una práctica en expansión dentro de la escena venezolana actual. [unearte.edu.ve] [clxicons.com]

En la obra de Begoña Pellicer, el objeto es cuerpo y el cuerpo es memoria. Su trabajo propone una experiencia donde lo blando, lo frágil y lo inestable no son debilidades, sino formas de resistencia sensible. Allí, en ese desplazamiento constante entre disciplinas, emerge una poética que insiste en hacer visible lo que no siempre puede nombrarse.

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