
En una era definida por la ilusión de conectividad permanente, la práctica de Salomé Rojas se sitúa en el espacio donde los sistemas fallan. Su obra no responde al deseo de comunicar con claridad, sino a la urgencia de explorar aquello que interrumpe, retrasa o diluye la transmisión: la distancia, la espera y la interferencia.
Artista en Artes Visuales de la Pontificia Universidad Javeriana, Rojas desarrolla su trabajo en Colombia desde una práctica interdisciplinaria que integra dibujo, instalación, programación, computación física y dispositivos construidos desde la lógica del bricolaje. Sus proyectos se estructuran a partir de sistemas híbridos donde conviven lo analógico y lo digital, lo manual y lo mecánico, generando lenguajes que no buscan estabilidad, sino fricción.
Su investigación gira en torno a las condiciones materiales de la comunicación contemporánea. A través de algoritmos, ondas radiales, señales y dispositivos electrónicos, examina cómo la conexión está atravesada por fallas estructurales: cortes, ruido, latencia, pérdida. En este contexto, la artista activa una mirada donde el error no es residual, sino constitutivo del sistema.
En obras como Morir en la orilla, el uso de máquinas ensambladas con materiales descartados y programación básica introduce una narrativa de encuentros fallidos: dispositivos que giran, se buscan y solo ocasionalmente logran coincidir, proyectando fragmentos de sentido que aparecen y desaparecen. La obra se convierte así en un sistema relacional inestable, donde la comunicación es siempre tentativa.
Su trayectoria incluye una amplia participación en exposiciones, residencias y espacios experimentales desde 2016, así como reconocimientos institucionales que validan su investigación, incluyendo menciones en concursos de arte contemporáneo. Asimismo, su selección para el programa Biennale College Arte de la Bienal de Venecia sitúa su trabajo dentro de un circuito internacional enfocado en la experimentación y el desarrollo de prácticas emergentes.
En sus procesos más recientes, Rojas continúa explorando la radio analógica, la telepresencia y la materialidad de las señales, entendiendo estos elementos no solo como medios técnicos, sino como metáforas de una condición existencial: estar siempre parcialmente conectados, siempre parcialmente ausentes.
En la obra de Salomé Rojas, la comunicación no es un acto transparente, sino un campo de incertidumbre. Entre señales erráticas y dispositivos inestables, su práctica propone una experiencia donde el sentido nunca se fija del todo: se desplaza, se interrumpe y, en ese tránsito, se vuelve visible.
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