En esta línea de trabajo, el artista desarrolla una línea de investigación que se articula a partir de los movimientos, emociones y rituales, estableciendo un diálogo con ciertas tradiciones expresivas del arte occidental, desde el Barroco hasta la contemporaneidad. Este cruce no se plantea como una analogía literal, sino como un campo de correspondencias sensibles donde procesos cotidianos y gestos históricos se activan mutuamente.

En la fuerza y la constancia, el artista se aproxima a las formas en que los grandes maestros barrocos supieron capturar emociones intensas, construyendo atmósferas donde la luz, la sombra y el gesto trascendían la mera representación para generar una experiencia cargada de dramatismo, asombro y significado.

Otro eje central de esta investigación es la experiencia multisensorial. Al igual que en la pintura y la escultura barroca, donde la riqueza de los detalles, los contrastes lumínicos y las composiciones densas buscaban conmover al espectador, el artista se interesa por aquello que se revela solo a través de una mirada detenida y de una disposición sensible hacia la materia.

El interés por referentes como Caravaggio o Bernini se manifiesta en la atención que el artista presta a la intensidad emocional, al movimiento y a la materialidad entendida como portadora de afectos. El café, en este sentido, se convierte en una metáfora de complejidad y profundidad, donde cada matiz y cada contraste remite a una estructura densa, lejos de cualquier idea de simplicidad.