Desde finales de la década de 1990, el trabajo conjunto de Harry Schuster y Gustavo Zajac se ha desarrollado como un diálogo sostenido entre dos poéticas visuales autónomas que convergen en una misma investigación sobre la imagen, el cuerpo y la pintura. Más que una fusión de autorías, su colaboración se plantea como un sistema de correspondencias donde cada artista conserva su identidad plástica, a la vez que construyen un territorio común de reflexión y relectura.

Partiendo principalmente de imágenes provenientes de la historia del arte occidental —con especial énfasis en la iconografía religiosa y figurativa—, Schuster & Zajac exploran procesos de reinterpretación y desplazamiento simbólico. Schuster revisita estas referencias desde la pintura, recuperando su carga espiritual y gestual, mientras que Zajac interviene dichas imágenes a través del dibujo, la fragmentación y la linealidad, incorporando una segunda capa de lectura que problematiza la noción de originalidad y memoria visual.

Uno de los rasgos distintivos de su producción es el uso del dibujo como recurso pictórico, dando lugar a imágenes de gran intensidad visual que habitan un espacio intermedio entre ambos lenguajes. A ello se suma el empleo del hojillado en oro y plata, que acentúa la luz y el carácter simbólico de las obras, estableciendo vínculos con la tradición sacra y su resignificación contemporánea.

El cuerpo humano ocupa un lugar central en su investigación. Fragmentado mediante encuadres precisos que aíslan gestos, tensiones y superficies de piel, el cuerpo se convierte en un territorio simbólico donde confluyen erotismo, espiritualidad y contemplación. Al ser despojada de su contexto original, la imagen se abre a nuevas lecturas y activa una experiencia sensorial y reflexiva en el espectador.

A lo largo de exposiciones como La otra piel, Figuras esenciales y Comprender, el proyecto Schuster & Zajac se consolida como una práctica coherente y de largo aliento, que interroga la persistencia de las imágenes, la vigencia de la historia del arte y la naturaleza misma de la representación. Su trabajo propone una poética visual basada en el diálogo, la superposición y la continuidad, donde cada fragmento funciona como un umbral hacia una contemplación activa.