Reflex es una exposición que reúne cuatro lenguajes que, desde registros divergentes, coinciden en una misma operación: volver la mirada sobre la experiencia, someterla a prueba en la materia y proponer al espectador un tiempo de suspensión. A partir del 25 de enero de 2026, la pintura y la instalación hacen posible que en Reset Gallery se genere un territorio donde el gesto abstracto, su huella y la arqueología de lo cotidiano se superpongan como planos de una misma reflexión compartida. En esta primera exposición, que abre nuestra programación 2026, confluyen las piezas de los destacados artistas Annette Turillo, Gregorio Boscán, Beatriz Sánchez y Jorge Stever.
En las obras de Gregorio Boscán (Maracaibo, estado Zulia, 1957 ) la abstracción se despliega como un campo de fuerzas más que como una composición cerrada. Grandes masas negras y densidades matéricas avanzan sobre el soporte, para dejar ver el barrido del pincel y la fricción del pigmento como si fueran registros sísmicos de un estado interior. Este gesto rotundo, vinculado a una defensa visceral del paisaje y la memoria del agua, se vuelve aquí una escritura tectónica, en la que cada mancha sedimenta tiempo y pensamiento en el espacio.
Un referente cercano con este diálogo es la serie Waterfalls de Pat Steir, en la que Boscán carga de pintura diluida el borde superior de lienzos negros y permite que el color se deslice en hilos, una expresión que reitera la manera en que el artista convierte el escurrido en una metáfora de flujos de agua, energía y contaminación.
Las piezas de Annette Turrillo (Caracas, 1958) introducen una vibración distinta en la sala: una abstracción cromática atravesada por la luz y el ritmo vertical. Sus veladuras, y campos monocromos, abren un espacio atmosférico que invita a la introspección.
La obra de Turrillo funciona como un respiro meditativo dentro del conjunto, donde la repetición de la mancha y la sutileza del color proponen una experiencia sensorial que conecta la mirada con estados de serenidad y búsqueda interior. El bicromatismo radical remite a genealogías de la abstracción en blanco y negro, desde Franz Kline y Robert Motherwell hasta las exploraciones matéricas de Pierre Soulages, en las que la mancha negra funciona como entidad autónoma y no como simple ausencia de color.
En la producción de Beatriz Sánchez (Caracas, 1967), el recuerdo entra en escena a través del collage y la superposición de patrones. Papeles estampados, tramas decorativas y manchas de color conviven en superficies que remiten a interiores domésticos y biografías anónimas.
Sánchez, construye una memoria afectiva a partir del fragmento: texturas que evocan tejidos, retazos de historias y una visualidad que recupera lo femenino y lo íntimo. La artista convierte el plano pictórico en un archivo de vivencias y referencias culturales superpuestas, incorpora fragmentos impresos y tramas que evocan la tradición del collage desde Matisse y sus gouaches découpés hasta los ensamblajes latinoamericanos de los sesenta, donde el espacio pictórico se construye por yuxtaposición de residuos visuales y textiles.
La exposición encuentra uno de sus puntos de mayor tensión conceptual en la obra de Jorge Stever (Templin, Brandemburgo, Alemania, 1940- Caracas, Venezuela, 1979), formado en filosofía e historia del arte en Múnich y Frankfurt, quien se vinculó tempranamente a los debates europeos en torno a la abstracción lírica, el nuevo realismo y el informalismo. Este reconocido artista participó en Documenta 5 (Kassel, 1972) antes de radicarse en Venezuela en 1973.
The Dining Suite es una instalación en la que Stever lleva su investigación sobre la percepción y el tiempo al espacio tridimensional: una mesa detenida bajo un velo de polvo y pigmento, donde la vajilla cotidiana se convierte en vestigio arqueológico. Al igual que en su pintura, donde los objetos parecen flotar en una neblina cinematográfica, aquí congela un gesto mínimo —el acto de servir, de compartir— para revelar la densidad emocional de lo ausente. La pieza actúa como un anclaje físico de la muestra, para materializar el concepto de «reflejo» no como imagen especular, sino como el eco persistente de lo que ya no está.
Del gesto corporal de Boscán a la luz de Turrillo, pasando por los tejidos visuales de Sánchez y el tiempo congelado de Stever, la muestra Réflex funciona como un dispositivo de revisión. El espectador está invitado a circular entre estas presencias y ausencias, para reconocerse en un juego de reflejos donde el arte no solo muestra el pasado, sino que interroga nuestra manera de recordarlo.
Reflexno ilustra la memoria, la activa.
Gabriel E Guevara Jurado
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